Los valores límites de exposición a determinados agentes químicos en el entorno laboral establecidos por la ley están muy por encima de los valores que, según una gran diversidad de estudios, pueden ser suficientes para provocar episodios de crisis o el desarrollo del SSQM en determinados individuos. En unos trabajos realizados en Japón se ha objetivado empeoramiento de la sintomatología en relación a exposiciones ambientales medidas conjuntamente. Asimismo, la presencia de químicos en el ambiente es más acentuada, pese a lo que pudiese parecer, en espacios cerrados (oficinas, viviendas…) que no al aire libre. O sea, nuestras casas y muchos de nuestros puestos de trabajo pueden ser espacios más contaminados de lo que a menudo lo es el exterior. Pese a las dificultades, hoy por hoy hay una normativa en materia de prevención de riesgos laborales con mención a los agentes químicos y que ésta “tiene que hacerse cumplir, exigiendo, si es necesario, responsabilidades económicas, jurídicas, administrativas e, incluso, penales”.
No se conocen qué sustancias se fabrican en España, en qué cantidades, ni para qué se utilizan. No existen registros públicos de producción y uso de sustancias químicas, a pesar de que esta información obra en poder de las administraciones. Eso sí, dispersa, en diferentes formatos y, desde luego, no accesible al público en general. Aunque parezca sorprendente, también se desconocen las características peligrosas, tóxicas y ecotoxicológicas de la mayor parte de las sustancias comercializadas. De hecho, en la Unión Europea sólo se ha realizado la batería completa de pruebas establecidas en las evaluaciones de riesgo a 141 sustancias. Sin embargo, la información toxicológica y eco-toxicológica disponible públicamente indica que tanto los trabajadores como la población general estamos expuestos a sustancias de elevada toxicidad presentes en los lugares de trabajo, contaminantes ambientales, los productos y artículos de consumo y los alimentos. Tampoco existen registros de exposición laboral.
Los datos publicados por la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (ENCT) indican que el 27,5% de los trabajadores están expuestos a sustancias peligrosas y este porcentaje crece cada año. Los trabajadores de todos los sectores de actividad están expuestos, aunque el mayor porcentaje lo presentan la construcción (49,1%) y la industria (42,4%). Por otra parte, se estima que 3,5 millones de trabajadores, de prácticamente todos los sectores de actividad, están expuestos a agentes cancerígenos en sus lugares de trabajo43. En el transcurso del siglo XX, los fenómenos de industrialización y urbanización han originado evidentes beneficios para el ser humano, entre ellos crecimiento económico y mejora de la salud en muchas regiones del mundo. Sin embargo, al mismo tiempo se han originado nuevos riesgos, como los asociados a la exposición a nuevas sustancias químicas exógenas al organismo humano, que contaminan el medio ambiente y suponen una nueva amenaza para la salud de animales y personas.
Algunas de estas sustancias químicas tienen efectos sobre el sistema endocrino, es decir, se comportan como hormonas, alteran la homeostasis hormonal y originan un desequilibrio en el balance de estrógenos, andrógenos, progestágenos y hormonas tiroideas, lo que ocasiona en los individuos expuestos problemas de desarrollo y de funcionalidad de sus sistemas. La exposición humana a disruptores endocrinos con actividad hormonal podría conducir a alteraciones en la salud reproductiva del varón, con enfermedades que van desde las malformaciones genitourinarias a la disminución de la fertilidad o una mayor frecuencia de cáncer de testículo. Los estudios de toxicología clásica que evalúan la seguridad de los compuestos químicos de síntesis se han basado hasta mediados del siglo XX en el principio de Paracelso, el famoso médico suizo, que establecía: “Nada es inocuo, todo es veneno; sólo la dosis hace la diferencia”.
Mediante este modelo se establecen dosis “seguras” o dosis de “referencia”, de modo que efectos que no hayan sido evidenciados a estas concentraciones no podrán aparecer para valores menores, e implica que mayores concentraciones causarán mayores daños. Esta evaluación tiene en cuenta únicamente las propiedades tóxicas de compuestos químicos que siguen respuestas lineales dependiente de la dosis, sin considerar otras propiedades de carácter estocástico o probabilístico. Los estudios toxicológicos del efecto sobre la salud de los compuestos químicos de síntesis se basan también en la determinación de la ingesta diaria admisible, definida como la máxima cantidad del compuesto que la especie experimental puede recibir sin que presente ningún tipo de manifestación toxicológica. Sobre esta cantidad se aplican arbitrariamente tres factores 10 de seguridad (factor de seguridad total 1000). La primera cuestión que salta a los ojos del lector no experto tras la lectura de los anteriores materiales, es la enorme cantidad de interrogantes existentes en torno al riesgo químico, tanto por la cantidad de sustancias químicas de síntesis disponibles unas 120.000 a nivel mundial de las que no existe información codificada y publicada de la mayoría, como por la relevancia y magnitud de los efectos sobre la salud humana y la biosfera en el caso de algunas cuyos efectos han podido ser estudiados.
Por tanto, podemos afirmar que nos encontramos ante problemas de una magnitud y gravedad que no podemos ignorar.
Extracto de, Mercedes Escudero Peinador, Diplomada en Enfermería. Experta Universitaria en Nutrición y Dietética III. Experta Profesional en Enfermería Legal y Forense.
La información de salud contenida en este artículo, se proporciona solo con fines educativos y no pretende reemplazar las conversaciones con su médico de cabecera. Todas las decisiones relacionadas con la atención del paciente deben tomarse con su médico, teniendo en cuenta las características únicas del paciente.
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